Plan de negocio y plan estratégico para asociaciones: claves para lograr el éxito

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Poner en marcha una asociación no es una tarea sencilla. Para que el proyecto sea viable y se mantenga a largo plazo es necesario iniciar el proceso con un plan de negocio tan exhaustivo como el de cualquier empresa.

Cuando una asociación da sus primeros pasos hay que tener cuatro elementos claves bien definidos y alineados: la misión, la visión, la estrategia y el plan de negocio. Además, en el caso de una asociación hay que tener en cuenta que la toma de decisiones en una organización sin ánimo de lucro no es fácil y que los miembros no se dedican únicamente a la asociación, sino que cada uno tiene otras tareas en sus empresas.

Estos cuatro elementos varían según el tipo de asociación. Hay asociaciones de naturaleza muy variada: grandes, pequeñas, con más o menos socios, con distintos tipos de servicios, etc. El plan de negocio tiene que reflejar la naturaleza de la asociación y tiene que contar con el apoyo de los miembros. Además, es importante que los stakeholders lo entiendan.

Para comenzar el trabajo es fundamental establecer las fuentes de financiación para garantizar la viabilidad, lo que significa determinar las cuotas y otras vías de ingresos. Además, dada la cantidad de asociaciones que existen, es importante innovar y ofrecer valor añadido.

Para que un plan de negocio funcione es aconsejable seguir cuatro pasos:

  1. Escuchar a los miembros iniciales.
  2. Analizar y entender el plan de negocio. Todos los miembros tienen que entender el plan.
  3. Ser realistas: aunque se escuchen las propuestas de todos los miembros, hay que valorar lo que es posible y lo que no.
  4. Seguimiento: hay que revisar y hacer seguimiento de la marcha del plan. Que los actores implicados lo entiendan, que conozcan los indicadores y se establezcan los objetivos futuros.

Diferencias entre un plan de negocio y un plan estratégico

El plan de negocio y el plan estratégico son dos herramientas diferentes, pero complementarias. El plan de negocio se hace antes de poner en marcha proyecto y sirve para valorar su viabilidad. Su duración suele ser de alrededor de un año.

El plan estratégico se hace en organizaciones ya existentes y sirve para determinar las acciones y las líneas estratégicas para llevar una organización del punto en el que se encuentra al punto en el que queremos que esté. Su duración puede variar entre los tres y los cinco años.

Por tanto, son dos herramientas diferentes que se ponen en marcha en diferentes momentos, pero ambas son necesarias para tener siempre claros los objetivos y las directrices claras que seguir para conseguirlos.

Y, por supuesto, los objetivos que nos marquemos han de ser medibles y alcanzables. Para medirlos hay que establecer unos indicadores o KPI –Key Performance Indicators– que nos permitan ver cómo avanzamos en el cumplimiento del plan a lo largo del tiempo. Y han de ser realistas y alcanzables según los recursos con los que contemos.

Por último, queremos hacer hincapié en que tanto el plan de negocio como el plan estratégico han de tener en cuenta a los miembros de la asociación. De lo contrario, corremos el riesgo de perder la vinculación con ellos y, por tanto, su apoyo.